La buena corrupción

Los españoles se están cansando de lo políticamente correcto, un gran espectro de la sociedad balear y española se siente aborrecida por esa “casta” política que ha llegado hace relativamente poco con el mensaje de la “regeneración democrática” y teniendo como lema el fin de la corrupción.

Esos mismos que tanto anhelan una España “social, justa e igualitaria” son los mismos en tratar de manera desigual a los que realmente no son desiguales y en subvencionar a organizaciones que fomentan que esa brecha se agrande más y más hasta lograr lo que se ha logrado en Cataluña: la crispación social.

No le falta razón a Malena Contestí, Vicepresidenta de la coalición ACTÚA/VOX en Baleares, cuando afirma que “hay gente que ha hecho del feminismo su trabajo”. Tristemente es una realidad empírica para muchos. La Administración Pública se está convirtiendo en la forma de vida de algunas asociaciones feministas, de extrema izquierda que, lejos de luchar por la verdadera igualdad entre el hombre y la mujer, se dedica a generar crispación social y a luchar contra la forma de vida y el modelo político que ha hecho posible que las mujeres puedan vivir sin miedo y con igualdad de derechos. No veo a ninguna feminista reivindicando ese movimiento en las teocracias islámicas o en los países comunistas que tanto gustan a Pablo Iglesias y a sus camaradas de Podemos.

Y es que, detrás de ese falso intento de lograr la igualdad de las mujeres, de lograr y luchar contra una lacra que afecta a todos como es la Violencia de Género, se esconde un odio eférrimo hacia la forma de vida tradicional, la familia y la religión católica.

Se olvidan completamente que es precisamente en los países de tradición católica y cristiana donde las mujeres y los colectivos LGTBI gozan de mayores derechos y libertades respecto a los otros países.

Cabe recordar que fue precisamente el líder actual de la formación política ‘Podemos’ quien hizo negocios con el régimen teocrático iraní, lugar donde por el mero hecho de ser homosexual te cuelgan de una grúa en medio de la calle. Eso sí, después el señor Iglesias es el primero en reivindicar los derechos de éstos.

Quieren destruir nuestro modelo de vida, nuestra familia tradicional inculcando a nuestros hijos esa ideología de género. Ahora no está bien decirle a nuestros hijos que la familia tradicional es entre un hombre y una mujer, si piensas así, eres un “facha, homófobo, nazi, etc…” y formas parte de un concepto que se ha inventado la izquierda, el “heteropatriarcado”.

Durante estos últimos años la derecha española ha estado relativamente acomplejada ante estos estereotipos que se inventan la izquierda. Y claro, nadie quiere salir en la foto con “ese tío de extrema derecha” por miedo a que se te identifique con él.

Ha sido responsabilidad de la sociedad civil española concienciar a la población de que no debemos permitir que esa totalitaria e intolerante izquierda se atribuya méritos que no son suyos, ni mucho menos que nos silencie por miedo a los estereotipos.

Defender el sentido común siempre estará mal visto por los que viven del sistema que ellos mismos han creado a su medida. No debemos tener miedo a que nos digan fachas. Debe ser motivo de orgullo. Defender el derecho a los padres a que puedan elegir libremente en qué lengua quieren escolarizar a sus hijos es de sentido común, defender los valores de la familia tradicional, el derecho a la vida, es de sentido común, defender la verdadera historia de Baleares, su lengua y su cultura no es ser ningún anticatalanista, es de sentido común.

Esa izquierda se pensaba que por regar con dinero público a entidades de su línea ideológica iban a perpetuarse en la poltrona. El efecto ha sido el inverso, los españoles nos hemos dado cuenta de que no debemos tener miedo a la izquierda, al contrario, debemos reivindicar y dignificar la idea de que defender todo esto no es de fachas ni de machistas, es de realistas.





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