España vive una de sus peores crisis de toda su historia, que además coincide en el peor momento político para España, gobernada por el primer gobierno de coalición de la historia de la democracia que sin duda alguna ha resultado ser un experimento fallido.

Ya en enero de este mismo año, cuando saltaron las alarmas en la República Popular de China, y muy concretamente en Wuhan, en la provincia de Hubei, la OMS advirtió al mundo y declaró la emergencia sanitaria internacional. En ese mismo momento el doctor Fernando Simón restaba importancia al asunto del coronavirus asegurando que “sólo tendríamos algún caso aislando”. La calma y la despreocupación se imponía en los Consejos de Ministros celebrados durante las semanas posteriores.

Ya fue unas semanas más tarde cuando la OMS volvió a advertir al mundo, esta vez con un tono más serio y contundente, que se preparara para una potencial pandemia del COVID-19. El Gobierno de España siguió haciendo caso omiso a las alertas que desde Ginebra lanzaban los profesionales de la OMS.

Los contagiados y los fallecidos en España iban en aumento a medida que los días pasaban. Recuerdo ver por las noticias como los pasajeros de los vuelos cuyo origen era Italia o China se sorprendían cuando llegaban a España pues no pasaban ninguna medida de seguridad ni sanitaria, ni tan siquiera de control de la temperatura. El pasotismo peligroso de nuestro profesor de filosofía, ahora convertido en Ministro de Sanidad, Salvador Illa, era cada vez más intenso y nauseabundo, sobretodo por esos pasajeros atónitos de ver como éramos los únicos que desconfiaban de las advertencias y de la peligrosidad de este virus.

Ya en vísperas de la tradicional manifestación feminista del 8 de marzo, el doctor Simón aseguraba que la celebración de ésta no supondría ningún peligro para la contención del virus. La vicepresidenta Carmen Calvo aseguraba que a las mujeres “les va la vida”, no sabemos si se refería a la vida, la vide o la vido, ya que a ella el lenguaje le tira mucho. Luego resultó que, efectivamente si les iba la vida, la vida de miles de personas, mujeres y hombres, que han fallecido a causa de esta tragedia.
Curiosamente, después del 8M saltaron las alarmas en todos los sentidos, y una semana más tarde, el Presidente del Gobierno anunciaba en diferido la aprobación del Estado de Alarma en todo nuestro territorio y el inicio del confinamiento domiciliario obligatorio.

Desde entonces, y hasta día de hoy, la gestión del Gobierno al frente de esta crisis es difícilmente empeorable. El daño ya está hecho, permitir las manifestaciones feministas, los partidos de fútbol y, en general, cualquier evento que conllevara una gran aglomeración de personas, fue un error garrafal e imperdonable por parte de un gobierno que era el que tenía la información.

No hemos escuchado ni una palabra de autocrítica, al contrario, en una entrevista publicada en un medio local esta semana del ministro de interior, Fernando Grande Marlaska, aseguraba que si pudiera retroceder en el tiempo “no cambiaría ninguna medida.” Además, declaró que “no se arrepiente absolutamente de nada. ¿Se puede ser más miserable?

Los despropósitos de este desgobierno han ido en aumento a medida que los días iban pasando: Tras el positivo por coronavirus de la ministre de igualdad, Irene Montero, su pareja y también actual vicepresidente del gobierno se saltó la cuarentena 2 veces sin que nadie le dijera nada, la compra por segunda vez consecutiva de cientos de miles de tests defectuosos, a sabiendas de que la empresa en la cual compraban estos tests rápidos no estaban homologados por el Gobierno Chino y, por lo tanto, había una alta posibilidad de que resultaran defectuosos.

Por si esto fuera poco, estos últimos días el Gobierno de España, aprovechando el poder extraordinario que sustentan tras la aplicación del artículo 116 de la Constitución, se han encargado de coartar nuestras libertades más fundamentales: el cierre del Congreso, el cierre de cuentas de Twitter contrarias a los partidos políticos que gobiernan, la celebración de ruedas de prensa con las preguntas ya filtradas y las respuestas preparadas, etc…

Afortunadamente, la sociedad civil se ha organizado y está denunciando este cúmulo de despropósitos. La primera manifestación online de la historia exigiendo la dimisión de Sánchez y de todo su gobierno fue un éxito rotundo, medio millón de participantes secundaron dicha convocatoria, lo que demuestra el hartazgo y el cabreo de los españoles con su gobierno.

Además, varias asociaciones como ‘Abogados Cristianos’, el sindicato CSIF, policías, guaridas civiles y gente de a pie ya se han querellado contra este gobierno irresponsable y negligente. No tengo ningún duda de que, cuando acabe toda esta pesadilla, tendrán que rendir cuentas ante la justicia. Se hará justicia, por las víctimas y por todos los españoles.