El confinamiento del país lleva aparejado un ritmo tan frenético que es complicado escribir sobre temas que deban publicarse puesto que antes de finalizar un artículo ya puede haber quedado obsoleto y por supuesto antiguo en el momento en que los medios lo publiquen. Ahora voy a intentar actualizar el mensaje y de todo lo que he escrito en borrador me remitiré tan solo a aquello que considero vigente como es el concepto de que esta pandemia, con el nuevo y dramático escenario sanitario, social y económico, ha propiciado que aflore toda la bondad y también la maldad que llevamos dentro.

Al enfrentarnos a nuestra propia realidad nos asaltan todos aquellos complejos, inseguridades e instintos más básicos, apareciendo y floreciendo lo mejor de nosotros mismos en humanidad, solidaridad, espíritu de ayuda y colaboración, en definitiva esa espontánea bondad, o por el contrario el rencor y el odio que por diversas razones ha podido alimentarse y crecer en nuestro interior vomitándolo ahora en un momento de extrema debilidad del sistema.

No es necesario entrar en detalles ni en la enumeración de las bondades o maldades vertidas por la ciudadanía civil pues ya se encargan los medios de comunicación de relatarlas y repetirlas hasta el infinito, pero sí quisiera destacar algunas acciones o reacciones indeseables protagonizadas por nuestros representantes políticos así como por algunas malas personas. Pero permítaseme previamente establecer la suerte que tenemos de que maneje el drama la actual izquierda asociada a la ultraizquierda y al separatismo explosivo pues el país se halla confinado, sumiso a las normas e imposiciones restrictivas en un estruendoso silencio a excepción de tímidos aplausos o cánticos, porque si la responsabilidad de gobierno la ostentara la derecha nos faltarían fuerzas y personal de seguridad para sofocar la revolución, el incendio de calles, ciudades y espacios, ensordeceríamos ante los insultos e improperios, nos cegaría el fragor de la batalla y el humo de la polución quedaría sustituido por el de las hogueras y los fuegos.

Por todo ello y reconociendo nuestra suerte puedo ofrecer mi modesta opinión por si con mucha fortuna fuera atendida. Mientras en España no se imponga, aunque sea por supervivencia, una voluntad de unión ante la magnitud del drama que debe llevar aparejada un auténtico espíritu de generosidad entre todos los sectores sociales para ofrecer unos y aportar otros sus capacidades en derechos y obligaciones, no conseguiremos salvar las distancias entre las personas, desde las ventanas y balcones a las terrazas y jardines, desde una cierta comodidad al sufrimiento y porqué no desde aquellos que estamos confinados y todos los que se juegan la vida en hospitales, en la calle o en el comercio de primera necesidad.

Esa generosidad debemos exigirla a los gobernantes y a toda la clase política pues la sociedad civil bastante esfuerzo está ya demostrando. No hemos visto todavía, siendo el país con más políticos, asesores y enchufados del mundo, un gesto de generosidad más que en contadas excepciones y algunos buenos ejemplos pero ni el Presidente del Gobierno, ni su ejército de Ministros y los jardines que les rodean, adoptar una actitud próxima al ciudadano que sufre el desempleo, el paro o el confinamiento atreviéndome solo a comentar que han aparecido con la gente solo para hacerse la foto y nada más. El Sr. Sánchez y otros lloriquean a diario en las ventanas mediáticas sin un gesto de dolor, sin un ápice de generosidad hacia el pueblo, asisten impávidos a las escasas sesiones del Congreso, para lanzar a sus guerreras mercenarias, mirando a diestro y siniestro cuando hay cámaras, cuando por debajo de la mesa riega de millones a los medios que todos conocemos, sin especificar, o nos enchufa a los humildes ciudadanos las encuestas del CIS en las que se supera con creces la máxima nota del colegio y se queda tan satisfecho pues su Palacio Monclovita sigue ahí.

Ni que decir tiene que, ya dejando al margen cada triste actuación de sus ministras y ministros, anda por ahí como caballo desbocado el Vicepresidente plenisocialpotenciario imponiendo sus doctrinas comunistas, decidiendo salarios y castigando cualquier comportamiento desacorde mientras desde el propio micrófono gubernamental alienta caceroladas, insulta a las instituciones hasta poner en entredicho a la propia Corona. Y todo ello señores, desde el Gobierno de la nación.

Además de la pandemia en Cataluña, de forma más opresiva sufrimos los furibundos ataques y amenazas del Sr. Torra y sus muchachos que definitivamente no están en sus cabales afirmando barbaridades mientras se les muere la gente en los brazos, aunque mucho me temo que los fallecidos presentarán tan solo ADN español. Se permiten insultar a España, rechazar la ayuda militar humanitaria y decir que lo único que les preocupa es la independencia y posibilidades futuras con la nación en la basura.

Pues así las cosas y a pesar de todo, como reza el título de éste artículo me atrevo a hacer un llamamiento a la concordia política. En todas las propagandas, carteles, íconos, símbolos y mensajes aparecen las palabras, Unión, Unidad, Renovación, Fortaleza y un largo etcétera pero en la clase política y en los partidos solo podemos deducir que la unidad es para las bofetadas o la fortaleza es para pegar más duro. Y en esas circunstancias me siento un poco ridículo o ingenuo pidiendo concordia política

Creo que la sociedad civil les agradecerá que aparquen sus diferencias, aíslen a los extremistas, radicales y secesionistas, firmen no un Pacto de la Moncloa, sino un Acuerdo Constitucional de País para sacar a España con éxito del pozo. Después tiempo tendrán para volver a la greña. La unión de sociedades civiles donde se integra Foro España con muchas otras asociaciones solicita, aunque debería exigir, que nuestros responsables democráticos ahora sean generosos y apliquen la concordia política porque España lo necesita como nunca. No olvidemos que los ciudadanos les hemos dado las responsabilidades y de igual forma se las podemos quitar. Ojo al dato.